Ir al contenido principal

STELLA DÍAZ VARIN: ESCRIBIR PARA RECITAR.

 

En 1988, Enrique Lihn escribió: “… la mayor parte de los poetas de mi generación entendíamos la poesía como canto, en primer lugar y sólo en segundo como escritura”. Juicio que fue modificado (en él y otros) con el paso de los años, la experiencia y las influencias: “Algunos de nosotros, estimulados por el ejemplo de Nicanor Parra, nos alejamos rápidamente de ese tipo de poesía –del hipnotismo de las Residencias de Neruda, del gigantismo de De Rokha–. Stella, no”[1].

 Pero del 47 al 49[2] (este último, año en que Díaz Varin editó su primer poemario, Razón de mí ser), Lihn imitaba, como un escolar, al peor Neruda; y del 49 al 54[3], lo seguía haciendo, aunque ya no en lo formal, sí en los tópicos[4]. Mientras que Stella Díaz Varin, “La colorina”, tenía desde el comienzo “voz propia”:

 Yo, que era la misma muerte,

y fui yo quien decreté mi angustia

sobre la enredadera de mi sangre…[5].

 Porque Díaz Varin no fue impregnada por el ejemplo de Neruda, a diferencia de Lihn y otros, sino de Rimbaud, Mallarmé, Rilke. Muchas veces, para ser más actual que los contemporáneos, hay que volver a los “clásicos”. De ahí que pueda ser comparada, por Alone, con Huidobro[6] (aunque un Huidobro sin ironías), dado que también él hacía de lo viejo algo nuevo.

 Romanticismo, decadentismo, simbolismo, dice Lihn, a propósito de Los dones previsibles, son las tendencias que podemos encontrar en Díaz Varin. Es que “la generación del 50”, era una generación joven e idealista (¿basta decir “joven” para decir “idealista”?), y las influencias son, a esa edad, una obstinación central. Sólo es necesario aproximarse a los artículos escritos acerca de esta “leyenda turbulenta” para constatar la preocupación por mantener conversaciones inteligentes e ilustradas, profundas y animadas, saboreando la médula de los poetas recién muertos, con los camaradas eufóricos de los veintitantos años…

 La poesía de Díaz Varin posee esa sinfonía de influencias que la hacen parecer única y la proyectan como una pócima de experiencias que exigen el abandono de la lógica (del que habla Alone). Pero aquellas influencias no son necesarias citarlas (como no es necesario citar –al igual que lo hacen a destajo los críticos literarios– las polémicas del poeta).

 En los cuatro poemarios editados entre el 49 y el 92, encontramos tan sólo una cita, extraída de Así hablaba Zaratustra, de Nietzsche, aparecida en Tiempo, medida imaginaria[7]. Y en cuatro ocasiones el epígrafe es de ella misma.

 Basta leer un fragmento, escogido al azar, de los tres poemarios que aparecen en el periodo 49-59, para hallar en esos “versos largos y acumulativos”, como dice Lihn, característicos de aquel decenio, la carga de las lecturas reveladoras y motivadoras:

 Ay hermano,

mi voz creó un sonido diferente

para decidir el crujido del agua

y su alma de superficiales espumas rotas,

y no soy yo quien mira, sino tú quien contemplas,

y no soy yo quien habla. Vienes…[8][8]

 En Díaz Varin podemos identificar, o al menos presentir y conjeturar, las influencias que permanecen mudas, aunque latentes, lo mismo que en la manera de amar de los adultos en cuyo fundamento persiste el amor de los niños y adolescentes:

 Amigo, adolescente,

niño de la palabra;

solitario, enviado desde tiempos nocturnos

para hacerme olvidar en tu beso

los fuegos explorados[9].

 La poesía de Díaz Varin se requiere sólo a sí misma, haciéndonos olvidar cualquier posible influencia. Se presenta como una “voz propia” e inconfundible, de la cual ella misma podía sentirse orgullosa, y los camaradas de la “generación del 50” admiraban y reconocían; a pesar de que sus temáticas pertenecían a lo que los historiadores llaman “el tiempo largo”, es decir, tópicos que podemos rastrear en épocas vetustas, como la muerte, el amor, el sufrimiento, el odio, la soledad.

 Esto es posible por dos razones, que son en el fondo una misma razón. Primero, la poesía de Díaz Varin es para ser escuchada, por lo tanto, la modalidad temática queda en segundo plano. Ya Lihn lo dijo: Díaz Varin “… se apoya en la gesticulación más que en el sentido”. Y, en segundo lugar, en tanto materialización de la palabra en la voz, en cualquier tiempo y lugar, la poesía puede ser sentida.

 La poesía es, principalmente, una relación entre quien recita y quien escucha, sin tener que pasar necesariamente por un desciframiento de los signos. La poesía hermética –hermética en el sentido de experiencia irrepetible e inenarrable para otro, aunque de todas maneras entregada a un otro–, tiene como alusión un particular, un “lar” (como dice Tellier), pero que puede ser puesta para quien quiera escucharla (o no) en la recitación. Sin embargo, Díaz Varin no necesita de la onomatopeya, o cualquier otra formalidad de vanguardias añejas, para transmitir la resonancia micro y macroscópica de la poesía cuando es recitada. Cualquier palabra es capaz de producir un cómo y un para qué de la existencia:

 Una sola será mi lucha

Y mi triunfo.

Encontrar la palabra escondida

aquella vez de nuestro pacto secreto

a pocos días de terminar la infancia.

Debes recordar

donde la guardaste.

Debiste pronunciarla siquiera una vez…[10].

 Es allí donde se ha de buscar la lucha política de la poesía, y no en la alusión directa de una “causa”[11]. La relación que pone en movimiento la palabra es su política en tanto “acto verbal” para otros y entre otros y, por qué no, por y a partir de otros, en la comunión:

 Tú llevas una bandera me han dicho.

Sí.

Tú llevas una bandera

Yo sé

Que la bandera es de un rojo profundo

Toda bandera es un río de sangre[12].

 No obstante, esta preponderancia del lenguaje, de la relación, por sobre el hablante, no pone a este último en una posición inicua, accesoria. Se trata, por el contrario, que la relación social vuelva a situar al sujeto en una posición que para sí y para otros es de suma preeminencia:

 Ay compañero;

tu rasgada piel de animal quebradizo,

ay hombre, muriendo e inconcluso,

hombre de intentos pétreos,

de prohibidas féculas candeales[13].

 Hay un Yo en el fundamento de los cuatro poemarios de Stella Díaz Varin, editados entre el 49 y el 92. Un Yo que, sin embargo, no necesariamente es “… la propia persona retorizada…”, de la que habla Lihn. Es el sujeto real producido por relaciones concretas y determinadas, esforzándose por lidiar con las exigencias, a veces atroces y crueles, a veces cautivadoras y tiernas, de la existencia.

 Es así

Que la vida es en su muerte

Una pura subtancia

Un sereno ocurrir, naturalmente

Un ritual

De poderes ocultos en su origen

Un círculo elemental

Un curioso bullicio

Un germinar muriendo.

 

Es así

Que estoy viva

Y en cada vida

Se me va la muerte[14].

 La poesía de Stella Díaz Varin, “La colorina”, establece una relación que suma vida, esperanza, muerte, destino elemental; donde no hay límite absoluto entre naturaleza y cultura (naturalmente un ritual, se ha de leer en el poema arriba citado), ni entre lenguaje y habla, comunión y soledad, alegría y sufrimiento, sino una pulsión que se propaga en uno y otro ámbito, que es en el fondo el mismo ámbito, el de la existencia: donde se escribe, a pesar de que lo que queremos es recitar.



[1] Del Prólogo de Enrique Lihn (1988) aparecido en Los dones previsibles.

[2] Nada se escurre.

[3] Poemas de este tiempo y de otro.

[4] A partir de La pieza oscura hasta Diario de muerte (salvo El Paseo ahumada), el poeta nos entregó las mejores letras de la poesía chilena y latinoamericana, dejando atrás su siútica iniciación.

[5] Poema “Desolación y vínculo”, de Razón de mí ser, 1949. Pág. 23-24.

[6] Alone. Siete poetas. El Mercurio. Primero de enero de 1950.

[7] Para quienes quieran seguir alimentando la “leyenda turbulenta”, esa cita permite mucho que decir al respecto.

[8] Poema IV de Introducción al vértigo, de Sinfonía del Hombre Fósil, 1953. 29-30.

[9] Poema sin título, aparecido en Tiempo, medida imaginaria, 1959. Pág. 19.

[10] Poema La palabra, de Los dones previsibles, 1992. Pág. 19.

[11] La lectura de la poesía de Díaz Varin posee en ella misma estas problemáticas, sin necesidad de aludir a referencias biográficas. Esto queda aún más claro cuando se compara esta poesía política con la irrelevante poética para la política que da sustento, por ejemplo, a la anodina anécdota de Díaz Varin (y de Neruda), con Gabriel González Videla. (Entiéndasenos bien, este “hecho” permite pensar una relación histórica de los poetas, en general, y los políticos, en particular, relación que concluye con la traición impuesta por González Videla. Pero cuando se trata de comprender la poesía de, en este caso, Díaz Varin, el “hecho” no puede quedar sino en un plano adventicio).

[12] Poema IV, de Los dones previsibles, 1992. Pág. 52.

[13] Poema Sinfonía del hombre fósil, del libro homónimo, 1953. Pág. 41-44.

[14] Poema IX, de Los dones previsibles, 1992. Pág. 57.

Comentarios

  1. Me encantó tu blog, Felipe, cada entrada está compleja, nueva, una construcción que se puede leer, sentir, sufrir y disfrutar. Te sigo leyendo!

    ResponderEliminar
  2. Muchas gracias! Ha habido un salto desde los primeros post acerca de coyuntura política y los siguiente de arte. Se suponía que tenia que ser más matizado ese cambio. Lo que pasó es que necesitaba descansar la reflexión sobre el fracaso político. Pero poco a poco iré volviendo a la "metapolítica", aunque ahora en otra etapa. Los primeros 10 post eran el Infierno, ahora vendrá el Purgatoria... El por qué de las reflexiones sobre arte radica en que, tras la huida de la política, hay que emboscarse. En mi caso, el bosque es el arte.

    ResponderEliminar

Publicar un comentario

Entradas populares de este blog

PROGRESO, PROGRESISMO, ETERNIZACIÓN

  “La teoría socialdemócrata, y más aún su práctica,  estaba determinada por un concepto del progreso que no se atenía a la realidad,  sino que poseía una pretensión dogmática”.   Walter Benjamin Sobre el concepto de historia , 1940.  En 1997,  en el libro “Democracia en Chile”, Edgardo Boeninger definía el acuerdo entre liberales, democratacristianos y socialistas, como el momento en que “la Concertación asumió en plenitud el capitalismo” (358), lo que significaba la “aceptación explícita de la economía de mercado y del rol de la empresa privada” (359). Se trató de una “convergencia ideológica producida en el país, tanto en lo que respecta al compromiso político con la democracia como en relación al establecimiento de una economía de mercado” (371).   Ya en el gobierno de Aylwin (1990-1993) se había planteado “el desafío de compatibilizar entre sí las paralelas e igualmente legítimas preocupaciones por el desarrollo económico y la justicia socia...

METAPOLÍTICA DEL FRACASO

  Circula por redes sociales una extensa cita atribuida a Pier Paolo Pasolini, cuyo comienzo es este: “Pienso que es necesario educar a las nuevas generaciones en el valor de la derrota”.   Quien haya leído Escritos corsarios o Cartas luteranas no dudaría en buscar entre sus páginas el mentado fragmento, entre otras sentencias suyas contra el consumismo, el conformismo, la degradación de los valores tradicionales, el progresismo y otras morbosidades de la sociedad contemporánea. Por supuesto, fracasaría. Ni allí ni en ninguna otra producción de Pasolini la localizará, puesto que no le pertenece, aunque tiene el valor de asemejársele y, al mismo tiempo, el descaro de parafrasear una fracción suya, cuya traducción al español tiene la doble indignidad de ser una reducción: “Soy un hombre que prefiere perder más que ganar con maneras injustas y crueles”.   En realidad, la frase de Pasolini, única parte auténtica de la cita, entresacada de “Dialoghi con Pasolini” (Vie nuove,...

SITUACIÓN DE ENRIQUE LIHN

    1. SEMBLANZA .     Enrique Lihn (1929-1988) es uno de los más notables escritores chilenos e hispanoamericanos. Fue poeta, caricaturista, artista plástico, titiritero, aprendiz de mimo, crítico literario, editor, orador, cuentista y novelista. En definitiva, un artista de las letras y de la palabra.   Vate de la belleza, del arte, de la carne y la memoria, desarrolló la poesía lírica, así como elementos dramáticos y narrativos, el verso libre y la rima.   A los 12 años ingresó a la Escuela de Bellas Artes y tomó el curso de dibujo con el sublime pintor nacional Pablo Burchard. Desde ese entonces comenzó una vida bohemia, que se desplegó principalmente en el Parque Forestal, donde se generaba una intensa vida cultural.   La literatura se consolidó en medio de su qué hacer como artista plástico, por lo que desde un inicio fue un diálogo constante con las distintas formas artísticas. El mismo decano de la Escuela de Bellas Artes, Luis Oyarzu...