Jorge Teillier nació en Lautaro, Región de la
Araucanía, el 24 de junio del año 1935. Desde los años 20 y hasta principios de
los 60, Lautaro vivió un periodo de auge económico y cultural, producto de la
industrialización, de la que fueron protagonistas los migrantes europeos, lo
que generó, a su vez, el desarraigo de la economía tradicional de la zona y sus
habitantes.
porque las palomas y los gorriones
siguen peleando por la avena en el patio”.
El tiempo no vuelve atrás. Pero tampoco le cabe al tiempo el concepto de progreso. Y a nuestro tiempo, en específico, le viene mejor lo que los hindúes denominan el Kaliyuga, “era de riña e hipocresía”.
• Poemas del País de Nunca Jamás, de 1963
• Crónica del forastero, de 1968.
• Para un pueblo fantasma, de 1978.
• Cartas para reinas de otras primaveras, de 1985.
• El molino y la higuera, de 1993.
HOY SOY UN MIEMBRO
DEL CLUB DE LOS CORAZONES SOLITARIOS
Hoy soy un miembro
del Club de los Corazones Solitarios.
En la clínica
espero, aburrido, el desayuno,
Mientras mi
compañero de mesa mira el muro recién blanqueado
y comenta, riendo,
una película de gangsters.
Nunca te envié ni
siquiera una postal, y no sé por qué me acuerdo de ti.
Debes estarle dando
desayuno a tus hijos
¿Cuántos son? ¿Se
parece alguno a mí?
Debes haberte
casado con un profesor primario o un Jefe de Correos.
Vas a la huerta y
hablas con tu madre
sobre tu padre y
sus amigos muertos
que hoy deben estar
en el cielo jugando brisca rematada,
tras dejar como
herencia casas a medio morir saltando.
Yo, antes de ir al
Liceo,
te hablaría bien
del peor alumno del curso
y del partido de
fútbol que ayer ganó el “Águilas del Barrio Norte”.
Yo no sabía que iba
a viajar bajo tantos cielos agonizantes,
y que en ningún
país hallaría a alguien que compartiera el silencio.
Yo no sabía que iba
a cumplir cincuenta años sin nadie
y por eso te veo
mientras espero el desayuno.
Sonreías en el
puente cuando te decía que no moriríamos en Nápoles
y que en el Sena te
obligaría a subir a un bateau-mouche.
Tú vuelves a hacer
hablar a la cocina a leña
y tus días pasan
como si no pasaran:
son el tropel de
bueyes que tu hermano lleva a la Feria
y yo sigo
escribiendo versos tontos que debería echar al fuego.
Hoy soy un miembro
del Club de los Corazones Solitarios.
*
PEQUEÑA CONFESIÓN
(En memoria de
Serguei Esenin)
Sí, es cierto,
gasté mis codos en todos los mesones.
Me amaron las
doncellas y preferí a las putas.
Tal vez nunca
debiera haber dejado
el país de techos
de zinc y cercos de madera.
En medio del camino
de la vida
vago por las
afueras del pueblo
y ni siquiera aquí
se oyen las carretas
cuya música he
amado desde niño.
Desperté con ganas
de hacer un testamento
—ese deseo que le
viene a todo el mundo—
pero preferí mirar
una pistola
la única amiga que
no nos abandona.
Todo lo que se diga
de mí es verdadero
y la verdad es que
no me importa mucho.
Me importa soñar
con caminos de barro
y gastar mis codos
en todos los mesones.
"Es mejor
morir de vino que de tedio"
sin pensar que
pueda haber nuevas cosechas.
Da lo mismo que las amadas vayan de mano en
mano
cuando se gastan
los codos en los mesones.
Tal vez nunca debí
salir del pueblo
donde cualquiera
puede ser mi amigo.
Donde crecen mis
iniciales grabadas
en el árbol de la
tumba de mi hermana.
El aire de la
mañana es siempre nuevo
y lo saludo como un
viejo conocido,
pero aunque sea un
boxeador golpeado
voy a dar mis
últimas peleas.
Y con el orgullo de
siempre
digo que las amadas pueden ir de mano en
mano
pues siempre fue
mío el primer vino que ofrecieron
y yo gasto mis
codos en todos los mesones.
Como de costumbre
volveré a la ciudad
escuchando un
perdido rechinar de carretas
y soñaré techos de
zinc y cercos de madera
mientras gasto mis
codos en todos los mesones.
*
BOTELLA AL MAR
Y tú quieres oír, tú quieres entender.
Y yo te digo: olvida lo que oyes, lees o
escribes.
Lo que escribo no es para ti, ni para mí, ni
para los iniciados.
Es para la niña que nadie saca a bailar,
Es para los hermanos que afrontan la
borrachera
Y a quienes
desdeñan los que se creen santos, profetas o poderosos.
*
ESTAS PALABRAS
Estas palabras
quieren ser
un puñado de
cerezas,
un susurro –¿para
quién?—
entre una y otra oscuridad.
Sí, un puñado de
cerezas,
un susurro –¿para
quién?—
entre una y otra
oscuridad.
*
CUANDO TODOS SE
VAYAN
Cuando todos se
vayan a otros planetas
yo quedaré en la
ciudad abandonada
bebiendo un último
vaso de cerveza,
y luego volveré al
pueblo donde siempre regreso
como el borracho a
la taberna
y el niño a
cabalgar
en el balancín
roto.
Y en el pueblo no
tendré nada que hacer,
sino echarme
luciérnagas a los bolsillos
o caminar a orillas
de rieles oxidados
o sentarme en el
roído mostrador de un almacén
para hablar con
antiguos compañeros de escuela.
Como una araña que
recorre
los mismos hilos de
su red
caminaré sin prisa
por las calles
invadidas de
malezas
mirando los
palomares
que se vienen
abajo,
hasta llegar a mi
casa
donde me encerraré
a escuchar
discos de un
cantante de 1930
sin cuidarme jamás
de mirar
los caminos
infinitos
trazados por los
cohetes en el espacio.
*
FIN DEL MUNDO
El día del fin del
mundo
será limpio y
ordenado
como el cuaderno
del mejor alumno.
El borracho del
pueblo
dormirá en una
zanja,
el tren expreso
pasará
sin detenerse en la
estación,
y la banda del
Regimiento
ensayará
infinitamente
la marcha que toca hace veinte años en la
plaza.
Sólo que algunos
niños
dejarán sus
volantines enredados
en los alambres
telefónicos,
para volver
llorando a sus casas
sin saber qué decir
a sus madres
y yo grabaré mis
iniciales
en la corteza de un
tilo
pensando que eso no
sirve para nada.
Los evangélicos
saldrán a las esquinas
a cantar sus himnos
de costumbre.
La anciana loca
paseará con su quitasol.
Y yo diré: “El mundo no puede terminar
porque las palomas y los gorriones
siguen peleando por la avena en el
patio”.
*
BAJO EL CIELO
NACIDO TRAS LA LLUVIA
Bajo el cielo
nacido tras la lluvia
escucho un leve
deslizarse de remos en el agua,
mientras pienso que
la felicidad
no es sino un leve
deslizarse de remos en el agua.
O quizás no sea
sino la luz de un pequeño barco,
esa luz que aparece
y desaparece
en el oscuro oleaje
de los años
lentos como una
cena tras un entierro.
O la luz de una
casa hallada tras la colina
cuando ya creíamos que no quedaba sino andar
y andar.
O el espacio del
silencio
entre mi voz y la
voz de alguien
revelándome el
verdadero nombre de las cosas
con sólo
nombrarlas: "álamos", "tejados".
La distancia entre
el tintineo del cencerro
en el cuello de la
oveja al amanecer
y el ruido de una
puerta cerrándose tras una fiesta.
El espacio entre el
grito del ave herida en el pantano,
y las alas plegadas
de una mariposa
sobre la cumbre de
la loma barrida por el viento.
Eso fue la
felicidad:
dibujar en la
escarcha figuras sin sentido
sabiendo que no
durarían nada,
cortar una rama de
pino
para escribir un
instante nuestro nombre en la tierra húmeda,
atrapar una
plumilla de cardo
para detener la
huida de toda una estación.
Así era la
felicidad:
breve como el sueño
del aromo derribado,
o el baile de la
solterona loca frente al espejo roto.
Pero no importa que
los días felices sean breves
como el viaje de la
estrella desprendida del cielo,
pues siempre
podremos reunir sus recuerdos,
así como el niño
castigado en el patio
encuentra guijarros
para formar brillantes ejércitos.
Pues siempre podremos estar en un día que no
es ayer ni mañana,
mirando el cielo
nacido tras la lluvia
y escuchando a lo
lejos
un leve deslizarse
de remos en el agua.
*
A UN VIEJO PÚGIL
Revistas color
sepia, programas de matches estelares,
el par de guantes
firmados por el Presidente
cuando ganó el
Campeonato
colgados junto al
retrato de la Difunta
lo hacen buscar la
gloria del álbum amarillento
y mientras hierve
el agua en el anafe
va recordando la
cara del público y sus rivales
a quienes el tiempo
les ha contado diez.
La tarde cuelga
frente a su ventana
como una raída y
sucia bata de combate,
y él vuelve a
bailotear en el ring,
siente ovaciones en
la tarde muerta.
No crean que está
solo
mientras prepara el
café
y hace guantes
frente al espejo
que le muestra su
nariz rota y sus orejas de coliflor.
Todas las tardes
regresan sus admiradores
que en la estación
se empujan para llevarlo en hombros
a la vuelta de su
gira triunfal
y lo dejan en la
primavera del césped de pez-castilla
donde —como le
prometió a su madre—
sueña que ha
esquivado —sin despeinarse— los golpes del olvido.
*
RESURRECCIÓN
Resurrección en la
tarde.
Ya no está el muro
de los recuerdos.
Campana de fiesta
repica en la mesa
un plato de salmón
del Cautín
y un vaso de vino
nuevo.
Ángeles te cuidan
desde el corazón de
los cerezos
y el barro de la
ciudad
lo quita de tu cara
las manos generosas
de la noche.
Como gotas de agua
suenan los cascos
de un caballo negro y un caballo blanco
que pasan frente a
la ventana.
Ebrio salgo tras
ellos
por caminos que
inventa la luna
de la que juntos
huíamos hace años.
*
RETRATO DE MI
PADRE, MILITANTE COMUNISTA
En las tardes de
invierno
cuando un sol
equivocado busca a tientas
los aromos de
primaveras perdidas,
va mi padre en su
Dodge 30
por los caminos
ripiados de La Frontera
hacia aldeas que
parecen guijarros o perdices echadas.
O llega a través de
barriales
a las reducciones
de sus amigos mapuches
cuyas tierras se
achican día a día,
para hablarles del
tiempo en que la tierra
se multiplicará
como los panes y los peces
y será de verdad
para todos.
Desde hace treinta
años
grita “Viva la
Reforma Agraria”
o canta “La
Internacional”
con su voz
desafinada
en planicies
barridas por el puelche,
en sindicatos o
locales clandestinos,
rodeado de
campesinos y obreros,
maestros primarios
y estudiantes,
apenas un puñado de
semillas
para que crezcan
los árboles de mundos nuevos.
Honrado como una
manta de Castilla
lo recuerdo
defendiendo al Partido y a la Revolución
sin esperar ninguna
recompensa
así como Eddie Polo
—su héroe de infancia—
luchaba por Perla
White.
Porque su esperanza
ha sido hermosa
como ciruelos
florecidos para siempre
a orillas de un
camino,
pido que llegue a
vivir en el tiempo
que siempre ha
esperado,
cuando las calles
cambien de nombre
y se llamen Luis
Emilio Recabarren o Elías Lafferte
(a quien conoció
una lluviosa mañana de 1931 en Temuco,
cuando al Partido
sólo entraban los héroes).
Que pueda cuidar
siempre
los patos y las
gallinas,
y vea crecer los
manzanos
que ha destinado a
sus nietos.
Que siga por muchos
años
cantando la
Marsellesa el 14 de Julio
en homenaje a sus
padres que llegaron de Burdeos.
Que sus días
lleguen a ser tranquilos
como una laguna
cuando no hay viento,
y se pueda reunir
siempre con sus amigos
de cuyas bromas se
ríe más que nadie,
a jugar tejo, y
comer asado al palo
en el silencio
interminable de los campos.
En las tardes de
invierno
cuando un sol
convaleciente
se asoma entre el
humo de la ciudad
veo a mi padre que
va por los caminos ripiados de La Frontera
a hablar de la
Revolución y el paraíso sobre la tierra
en pueblos que
parecen guijarros o perdices echadas.
*
PARA HABLAR CON LOS
MUERTOS
Para hablar con los
muertos
hay que elegir
palabras
que ellos
reconozcan tan fácilmente
como sus manos
reconocían el
pelaje de sus perros en la oscuridad.
Palabras claras y
tranquilas
como el agua del
torrente domesticada en la copa
o las sillas
ordenadas por la madre
después que se han
ido los invitados.
Palabras que la
noche acoja
como a los fuegos
fatuos los pantanos.
Para hablar con los
muertos
hay que saber
esperar:
ellos son miedosos
como los primeros
pasos de un niño.
Pero si tenemos
paciencia
un día nos
responderán
con una hoja de álamo atrapada por un espejo
roto,
con una llama de
súbito reanimada en la chimenea,
con un regreso
oscuro de pájaros
frente a la mirada
de una muchacha
que aguarda inmóvil
en el umbral.
*
MURIÓ CÁRDENAS
El poeta Lorenzo
Peirano llega desde Coinco
a la calle
Esperanza, luego, respirando callejones,
pasa por Libertad y
me envía a La Ligua
un telegrama:
“Murió Cárdenas”.
Nos vimos por
última vez un 18 de Septiembre
en Inés de Suárez,
la ciudad estaba
embanderada en
honor de nuestro encuentro.
Ahora sólo puedo
esperar que nos encontremos
junto a Samuel
Donoso para leer a Saint-John Perse
y cantar: “Oh que
dulce es el misterio de la vida”.
Espérame Rolando.
Has dado la señal.
*
DESPEDIDA
(El caso no ofrece
ningún adorno
para la diadema de
las Musas.
Ezra Pound)
Me despido de mi
mano
que pudo mostrar el
paso del rayo
o la quietud de las
piedras
bajo las nieves de
antaño.
Para que vuelvan a
ser bosques y arenas
me despido del
papel blanco y de la tinta azul
de donde surgían
los ríos perezosos,
cerdos en las
calles, molinos vacíos.
Me despido de los
amigos
en quienes más he
confiado:
los conejos y las
polillas,
las nubes
harapientas del verano,
mi sombra que solía
hablarme en voz baja.
Me despido de las Virtudes y de las Gracias
del planeta:
los fracasados, las
cajas de música,
los murciélagos que
al atardecer se deshojan
de los bosques de
casas de madera.
Me despido de los
amigos silenciosos
a los que sólo les
importa saber
dónde se puede
beber algo de vino,
y para los cuales
todos los días
no son sino un
pretexto
para entonar
canciones pasadas de moda.
Me despido de una
muchacha
que sin preguntarme
si la amaba o no la amaba
caminó conmigo y se
acostó conmigo
cualquiera tarde de
esas que se llenan
de humaredas de
hojas quemándose en las acequias.
Me despido de una
muchacha
cuyo rostro suelo
ver en sueños
iluminado por la
triste mirada
de trenes que
parten bajo la lluvia.
Me despido de la
memoria
y me despido de la
nostalgia
—la sal y el agua
de mis días sin
objeto—
Y me despido de
estos poemas:
palabras, palabras
—un poco de aire
movido por los
labios— palabras
para ocultar quizás
lo único verdadero:
que respiramos y
dejamos de respirar.
*
PROCEDENCIA DE LOS
POEMAS SELECCIONADOS:
- Hoy soy un miembro del Club de los
Corazones Solitarios, de El molino y la higuera, 1993.
- Pequeña confesión, de Para un pueblo
fantasma, 1978.
- Botella al mar, de Cartas para reinas
de otras primaveras, 1985.
- Estas palabras, de Para un pueblo fantasma,
1975.
- Cuando todos se vayan, de El árbol de
la memoria, 1961.
- Fin del mundo, de Poemas del País de
Nunca Jamás, 1963.
- Bajo el cielo nacido tras la lluvia,
de Los trenes de la noche y otros poemas, 1964.
- A un viejo púgil, de Cartas para
reinas de otras primaveras, 1985.
- Resurrección, de Poemas del País de
Nunca Jamás, 1963.
- Retrato de mi padre, militante
comunista, de Muertes y maravillas, 1971.
- Para hablar con los muertos, de
Poemas secretos, 1965.
- Murió Cárdenas, de El molino y la
higuera, 1993.
- Despedida, de El árbol de la memoria,
1961.
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